De asombros y nostalgias.
“La
filosofía se convierte en pasión cuando
logra hacer de
verdad eso que
le es más
propio, vale decir: preguntar. Filosofar es preguntar.
Pero –una vez más– tenemos que recordar que preguntar no es lo mismo que formular
una pregunta. Pilato le preguntó a Jesús “¿qué es la verdad?” Pero, en
realidad, lo que hizo no fue más que formular esa pregunta. En el fondo, no le
interesaba saber lo que es la verdad. Si le hubiera interesado realmente saber
lo que es la verdad, si lo hubiera necesitado para ser, no habría podido seguir
haciendo otras cosas, sino que se habría quedado allí fijo, girando en torno a
lo que la verdad pudiera ser. Pero Pilato lanzó su pregunta y luego se dedicó a
otras cosas. Esa pregunta no era una verdadera pregunta. Porque una verdadera
pregunta es una pregunta hecha con pasión, una pregunta que nos agarra y no nos
suelta, como esos perros guardianes que cuidan las casas de los ricos.
¿Qué es preguntar? La palabra preguntar viene del latín percunctari, que significa vacilar. Preguntar es vacilar. Y vacilar quiere decir perder la solidez, estar en peligro. Cuando estamos tranquilamente sentados podemos descansar confiadamente. Estamos seguros, firmes. Y es ciertamente una delicia esta experiencia de la solidez y la firmeza. Es un modo de estar en la realidad que se caracteriza por la satisfacción: nos sentimos a gusto, estamos bien.
Hasta que, de pronto,
empieza a temblar. Me refiero a un temblor de tierra común y corriente. Aunque
los temblores de tierra jamás son comunes y corrientes. Son siempre algo
extra-ordinario, algo amenazante para lo habitual y acostumbrado. Cuando
empieza a temblar, salimos de nuestra firmeza, de nuestra seguridad, y de
pronto estamos inseguros. El hombre que está inseguro se pone en movimiento
para buscar seguridad. Cuando tiembla, huimos. Pero hay que entender esta
huida. De lo que huimos es de la inseguridad. Huimos, quizás, para buscar
refugio en un lugar seguro, donde no estemos amenazados. ¿Por qué huimos de la
inseguridad?
Se diría que la
in-seguridad es lo contrario de la vida. La in-seguridad nos amenaza: nos quita
ese estar en la realidad en que nos sentíamos a gusto, es decir, nos quita –en
cierto modo– la realidad en que estábamos. En lo inseguro no se puede estar. Lo
inseguro es lo inestable: es lo que vacila. Y huimos de lo vacilante, porque
necesitamos estar firmes. Porque estar, en sentido pleno, es estar firmes,
estar en lo firme. […]
Preguntar es vacilar, es estar sin estar,
estar en lo inestable. Por eso, preguntar es salir en busca de lo firme, querer
saber, y querer saber de un modo seguro, en forma estable. Preguntar es una
cosa extraña y nada fácil. “Las preguntas –decía Heidegger–, y más aún las
preguntas fundamentales, no se encuentran ahí tan simplemente como las piedras
y el agua. Las preguntas no las hay como hay los zapatos o los vestidos o los
libros. Las preguntas son y sólo son en su real y efectivo preguntarse”.
¿Qué es, pues, la
filosofía? La filosofía no nace jamás de sí misma. Nace de un acontecimiento
radical que nos pone en marcha, que nos saca de nosotros hacia otra cosa. Este
acontecimiento radical se llama admiración o –mejor– extrañamiento. La
filosofía –decían Platón y Aristóteles– nace de la extrañeza.
¿De qué se extraña el ser
humano filosófico? Se extraña de lo más obvio, de lo que siempre estaba ahí, de
lo de siempre. Se extraña de un cierto fondo –de un suelo– en que su ser ha
estado siempre. “Se extraña” quiere decir: se hace extraño a eso de lo que
antes era familiar. Lo que antes le era natural, sencillo, familiar y obvio –
como nos son familiares nuestros padres, nuestros hermanos o el perro regalón–
se le ha convertido al ser humano, de pronto, en algo problemático, extraño,
ajeno y lejano.
Algo en lo que estábamos
se nos va. Pero no se nos va pura y simplemente, sino que a la vez nos acosa,
nos asalta, se torna un extraño, pero –curiosamente– no un extraño que nos
resulte indiferente, que no nos interese en absoluto, sino justo al revés: un
extraño que nos mantiene retenidos y absortos en su propia extrañeza.
Pero la extrañeza
filosófica no es una extrañeza por esto o lo otro, por tal o cual cosa que de
repente se nos haya vuelto asombrosa. No. La extrañeza filosófica es una
extrañeza absoluta. En ello todo se nos hace extraño. Y lo que en todo nos
extraña es algo que está en todas las cosas: su ser, su realidad. Nos extraña
que las cosas sean, que sean reales”.
[De asombros y
nostalgias, Jorge Eduardo Rivera, p. 332-334, 2016, Ediciones UC, Santiago]
ACTIVIDAD:
Lee atentamente el texto “De asombros y nostalgias”, del filósofo chileno Jorge Eduardo Rivera, y luego responda:
a) ¿Qué es la filosofía?
b) ¿Qué es preguntar?
c) ¿Qué preguntas filosóficas me he hecho
este último tiempo?
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